Columna de Sebastián Sotelo en Pulso

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“Minería: el ¿inesperado? embate peruano”

Recientes estadísticas publicadas tanto por Cochilco como por el Ministerio de Energía y Minas de Perú, nos revelaron una situación difícil de creer hasta hace sólo un par de años. Y es que las carteras de proyectos mineros de ambos países, que están mayoritariamente conformadas por proyectos cupríferos, tuvieron prácticamente un empate técnico: Chile con US$49.208 millones y Perú con US$46.996 millones.

Cuando en 2013 la diferencia entre ambas superó los US$52 mil millones, favorable a nuestro país, nadie esperaba que la caída que comenzaba a producirse fuera tan drástica como la que estamos experimentando. Además, que la cartera de proyectos mineros esté compuesta principalmente por proyectos brownfield (ampliación y/o modificación de los ya construidos) es preocupante, ya que nos habla de una disminución de proyectos tipo greenfield (aquellos que comienzan desde cero o que cambian completamente). De mantenerse esta situación, decantará en una sustancial pérdida de competitividad de la minería chilena, con todos los perjuicios económicos y sociales que conllevaría.

Por otro lado, a fines de febrero recibimos otra mala noticia cuando el Instituto Fraser publicó su Encuesta Anual de Compañías Mineras correspondiente al año 2016, en la cual analiza el atractivo para invertir en minería en distintas jurisdicciones de todo el mundo sobre la base de la opinión de los principales actores del rubro. En esta oportunidad, Chile pasó del lugar 11 obtenido en la versión anterior al 39, mientras que Perú, que en 2015 había alcanzado el lugar 36, avanzó hasta el puesto 28, posicionándose como la jurisdicción latinoamericana más atractiva para los inversionistas.

Si bien Perú tiene la ventaja en dos aspectos relevantes, una mano de obra más barata y menores costos de energía, los que al final del día reducen significativamente los costos de operaciones son su ventajoso marco regulatorio y la mayor facilidad con que se autorizan permisos de exploración y explotación minera.

La promesa de una política económica de puertas abiertas y proclives a la inversión, que el Presidente Kuczynski ratificara incluso cuando aún no había asumido su cargo, no fue sólo retórica de campaña. Algo que queda demostrado con el reciente anuncio hecho por su ministro de Finanzas, Alfredo Thorne: la mina de cobre Quellaveco, una inversión de AngloAmerican del orden de los US$5 mil millones en la sureña región de Moquegua adelantará el inicio de sus obras para este año, originalmente proyectadas para el segundo semestre de 2018. También el ministro Thorne anunció que el proyecto Michiquillay, ubicado en la complicada región de Cajamarca, iniciará su proceso de licitación internacional durante este 2017 y que Minera Buenaventura, una de las más importantes de Perú, tendría cinco proyectos próximos a concretarse.

Nuestro país, mientras tanto, con tres años consecutivos de inversión negativa (por primera vez en 40 años) y creciendo menos que el resto del mundo debido a las pésimas reformas llevadas a cabo por este Gobierno, con un tenso clima laboral que poco ayuda a la productividad e incertidumbre política que recrudecerá a medida que se acerquen las elecciones, sólo puede esperar que no exploten nuevos conflictos.

Mientras nosotros tengamos que lidiar con este adverso escenario, el único que se ve beneficiado es el sector minero del vecino país, que ve con satisfacción cómo nos vamos quedando rezagados. Cuando el precio del cobre remonte y vuelva a ser atractivo para las empresas invertir, ¿para dónde se irá esa inversión?

Sebastián Sotelo

Programa Legislativo

Fundación Jaime Guzmán

Enlace columna: http://www.pulso.cl/opinion/mineria-inesperado-embate-peruano

Publicada en la edición del lunes 15 de mayo de 2017.